












Es una ginebra Premium creada con botánicos seleccionados en zonas mediterráneas, los cuales fueron destilados en un alambique único en la zona de la Costa Dorada. Entre los botánicos que emplea se destaca la oliva arbequina, tomillo, albahaca y romero, sabores que se potencian en la elaboración artesanal de este gin, el cual cuenta como base con cebada Premium, la cual es macerada y destilada con cada uno de los ingredientes botánicos de forma independiente para luego pasar por el blending de autor.El gintonic lo sirvió con una hoja de albahaca y una tónica que no conocía tampoco, perfecta para el combinado, tan refrescante como neutral: 1724.
Para la tónica 1724 se selecciona manualmente la quinina a 1724 metros sobre el nivel del mar, allí donde es originaria, en el Camino del Inca que prácticamente une Argentina con México. Así se ha creado una auténtica receta buscando un ritual de sabor diferente y más autóctono en aquellas tierras donde todo comenzó.


Esta imagen trata de ser una trasposición a las tres dimensiones de los restos e indicios encontrados en la Santa Síndone. Consiste en la representación de todas las heridas de las que se han hallado restos, así como un estudio milimétrico y preciso de cada uno de los signos tanatológicos que presentaría el hombre que sufrió tales castigos. Tal es el grado de realismo que ha tratado de darse a la imagen que, asesorado por profesionales hematólogos, Miñarro ha sabido plasmar aquellos restos de sangre y coágulos ante y postmorten, así como livideces y otros signos que nos indican que la figura representa a un hombre muerto.

Las heridas reproducen con cruel realismo cada uno de los 120 latigazos recibidos (con el llamado flagrum taxillatum, látigo con bolas de plomo que desgarran la piel), así como los 36 puntos sangrantes de la corona de espinas. Todo un ejercicio de reflexión para el que lo contempla.
Si sobre su imagen tendiésemos una sábana quedaría recogida una copia de la Santa Síndone.
Pero, de entre tanto dolor, rostro magullado, nariz partida y ojo amoratado, boca ensangrentada, encontramos una imagen que denota dulzura, paz y sosiego.

Una obra de una calidad artística innegable y que, al margen de las connotaciones religiosas que puedan derivarse, no deja indiferente a nadie.
Ya puede visitarse en la Iglesia de San Pedro de Alcántara, frente a la Facultad de Filosofía y Letras.